Publicado el : 10/12/2020 12:00:00 AM por Admin

El consumo responsable e inteligente cada vez toma mayor relevancia en las nuevas generaciones económicamente activas dados los escenarios altamente cambiantes, mientras que las generaciones anteriores, más que por placer, se están viendo obligadas a adoptar nuevos hábitos de compra. El hecho es que desde hace años, las tendencias verdes, de comercio justo, consumo colaborativo y los modelos de negocio de responsabilidades compartidas se han incrementando, pero parece que, a la hora de tomar medidas específicas personales de consumo inteligente, estamos dando palos de ciego. Es decir, compramos sin metas y con conductas o hábitos de consumo mal estructurados. 

Consumir de manera responsable e inteligente implica mucho más que solo buscar el precio más bajo; el consumo inteligente es la capacidad de tomar buenas decisiones cada vez que elegimos un producto o servicio y eso es un tema mucho más amplio.

Por ello, aquí te dejo 10 hábitos de consumo inteligente que puedes incorporar en tu día a día.

1. Sácale provecho a internet

Se acabaron los días en los que para comprar un artículo comparabas calidades y precios de al menos tres distribuidores cercanos a tu casa. Ahora el internet ha abierto a los consumidores la posibilidad de comprar artículos de prácticamente cualquier lugar del mundo. Infórmate de las nuevas formas de pago online y utilízalas; compara tus artículos entre los distintos mercados digitales como E-Bay, Mercado libre, Alibaba o Amazon por hablar de los gigantes; dale una oportunidad a las cada vez más plataformas con objetivos de comercio más justo o a acercarte a los productores directamente. Accede a la información del producto que piensas adquirir, ponte en contacto con los productores y/o vendedores de primera mano en sus redes sociales y busca aplicaciones que podrían ayudarte a comprar mejor.

2. Distingue entre necesidades y deseos

Hay necesidades básicas como techo, alimento, ropa, etc., y necesidades distintas (pero igual importantes para nuestro bienestar mental) como el reconocimiento, la autorrealización y la trascendencia. También existen los deseos que básicamente son cosas sin las que podríamos vivir bien (generalmente lujos). No está mal darnos un “gustito”, el problema viene cuando priorizamos mal y desatendemos las necesidades reales por darnos esos lujos o los compramos mediante la deuda limitando nuestros ingresos futuros por un placer superfluo. Recuerda que los lujos se deben comprar con dinero que ya trabajaste y solo con el remanente después de haber atendido las necesidades, el ahorro y la inversión. Es decir, los “gustitos” son el último eslabón de la cadena financiera.

3. Evita hacer compras importantes cuando estés emocionalmente alterado

Estar muy deprimido, estresado o contento generalmente nos podría opacar la capacidad de tomar una buena decisión financiera, así que por muy estable que seas, nunca está por demás desarrollar la inteligencia emocional. Eso siempre trae buenos dividendos financieros pues una mente en calma e informada, toma buenas decisiones monetarias. Para ello puedes tomar algunos cursos de resiliencia, filosofía o psicología para la resolución de conflictos; esto de dará las herramientas emocionales necesarias para cuando sea necesario. 

4. Cuidado con los recortes en tu presupuesto

En tiempos financieramente complicados generalmente hay que hacer recortes. Sin embargo, hay algunos gastos que no deberían reducirse a menos que sea completamente necesario. Son los relacionados con tu acceso a la tecnología, información, salud, inversión y educación, porque ese recorte solo es un pequeño ahorro a corto plazo que tiene un gran costo a largo. Dicho de otra forma, esa reducción del gasto hoy, podría convertirse en un costoso error mañana. 

5. Conoce tus derechos

  • Derecho a elegir: Nadie te puede presionar o condicionar la compra de algo. 
  • Derecho a no ser discriminados: Por ninguna razón.
  • Derecho a la compensación: Si un proveedor te vende un producto de mala calidad o que no cumple con las normas, tienes derecho a que se te reponga o a que te devuelvan tu dinero y, en su caso, a una bonificación no menor a 20% del precio pagado. 
  • Derecho a exigir el cumplimiento de la publicidad: Lo que dice la publicidad es exigible como parte de un contrato, es decir, la publicidad debe ser veraz, comprobable y no inducir a engaño.

6. Compra sustentable y solidaria

Que tú consumo sea lo más amable con la naturaleza posible, preferir productos artesanales, de empresas socialmente responsables, con políticas laborales justas y/o procesos de producción limpios, evita los productos de “usar y tirar”, compra el contenido y no el envase, igual de esto te puedes informar en internet antes de comprar.

7. Cuidado con la publicidad

La publicidad está diseñada para convencerte, antojarte, crearte necesidades falsas o provocarte temores injustificados. Mucho más hoy que la publicidad híper segmentada de las redes sociales pueden encontrar su público objetivo de una manera impresionante. Esto es posible por toda la información personal que develamos gratuitamente en nuestros medios sociales, así que mantente cauto con la información personal que compartes en Facebook, Twitter, Instagram, TikTok, etc., o cuando descargas la aplicación de perritos y gatitos que quiere acceder a toda la información de tu smartphone. Recuerda que cuando algo es gratis, el producto eres tú

8. Recicla 

Donde muchos ven desperdicio, otros ven dinero potencial. Reciclar no solo será bueno para el medioambiente, podría ser tu próximo gran negocio y fuente de ingresos si das un poco de valor agregado e innovación. Muchas veces solo hace falta girar unas cuántas tuercas y listo. 

9. Compra saludable

Comprar cosas que perjudican la salud no solo es una pésima decisión, también traen costos ocultos de largo plazo, como tratamientos médicos que se tendrán que cubrir en el futuro.

10. Considera la inflación

La inflación es el alza generalizada de los precios. Dicho de otra manera, cuando escuchas en las noticias que la inflación será del 4% durante el año, quiere decir que lo que te costaba mil pesos al inicio del año, al final del mismo te costará mil cuarenta pesos. Sin embargo, hay que recordar que este cálculo es un promedio, por lo que según los productos que consumas podrías estar pagando más o menos que ese promedio. El INEGI cuenta con una calculadora de inflación personal que te puede servir para consumir productos con el menor incremento de precio.

 

 

 

 

 

 

 

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